top of page
TRABAJOS > Geometría y Poder, 2020 - 2022
Paradero Habana de MICROMUSEO, Laboraleatorio Espacio de Arte (Lima, Perú).
3 de octubre - 8 de noviembre, 2022.

 
SINAMOS
Fierro galvanizado, cloruro férrico, madera estructurada
2.20m x 2.20m x 3cm
2022

INDUPERÚ, 2022
ENTUR PERÚ, 2022
ELECTROPERÚ, 2022
PETROPERÚ, 2022
ENTEL PERÚ, 2022
AEROPERÚ, 2022

MINISTERIO, 2021
SINAMOS, 2021
SUPER EPSA, 2021

CPT, 2020
MINERO PERÚ, 2020
ENAPU, 2020
ENAFER, 2020


Pintura uretano automotriz sobre acero inoxidable, laca industrial.
75 x 75 x 0.2 cm c/u 
web-horiz-new-octubre-28.png
Geometría y Poder, 2022

Geometría y Poder se inauguró el 03 de octubre de 2022, a 54 años del golpe de Estado de Velasco Alvarado en el Perú, el cual diera inicio a nuestra más prolongada dictadura militar.

La exposición “reúne una secuencia de abstracciones geométricas hechas de metal en las que se deconstruyen y liberan, poéticamente, las contenciones políticas gráficamente articuladas por los logotipos que dieron identidad simbólica —y lineal— al corporativismo estatista de aquel régimen. De eso trata esta exposición matemática, un arte que descompone y libera las geometrías represivas del Poder. Y opone así a la linealidad tiránica de la política la apertura vectorial de las poéticas. Sus líneas de fuga (Literal y figuradamente).”

Gustavo Buntinx
Curador de Geometría y Poder
Extracto de texto curatorial

www.micromuseo.org.pe/rutas/geometria-y-poder
 
MA. Geometria y poder IG.JPG
LÍNEAS DE FUGA
(Ensayo curatorial)

Gustavo Buntinx


LÍNEAS DE FUGA
TANGENCIA Y VECTOR EN
GEOMETRÍA Y PODER
DE MICAELA ALJOVÍN

GUSTAVO BUNTINX




— HUK —

GEOMETRÍA Y PODER,
la crítica exposición de Micaela Aljovín,
nos confronta con un desafío estético
radical.

Político / Poético.

Vectorizar
la utopía y ruina del Perú contemporáneo.

Desconstruir
la señalética que le dio emblema
a esa quimera.
Y a aquel desmoronamiento.

Abismar
la ilusión ideológica mayor
y el mayor fracaso fáctico
de nuestra historia dizque republicana.

El velasquismo:
un proyecto de grandilocuencias
liberadoras,
pero finalmente entregado
al corporativismo más
regresivo.

La nomenklatura
de castas burocráticas y militares,
agitadas sobre todo
por sordas pugnas intestinas
en las que los elementos idealistas
—ideales—
serían a la larga expectorados.
Por el propio general Velasco
—”El General de los Pobres”—
que encendiera antes sus esperanzas.

Al final de esa dictadura, en sus dos etapas
(1968 – 1980),
perduró sólo
la megalomanía estadólatra,
el delirio estatista
de las
em-pre-sas-pú-bli-co-bu-ro-crá-ti-cas
que nos empujaron a la inoperancia fatal,
al déficit eterno, a la corrupción sin fin.

Y precipitaron al país en la miseria,
en la violencia,
en la anomia terminal:
los campos devastados;
las ciudades trastrocadas en barriadas;
el alimento balanceado para aves
asumido como natural consumo humano.

Sobre el baldío de esa tierra arrasada
germinaba entonces la prédica senderista
que estragaría luego al país
durante la República de Weimar Peruana
(1980 – 1992).

Pero aquella tragedia póstuma
de la política
se encriptaba ya en sus albores simbólicos.
En las ilusiones que nos revelaron ilusos.

Como en los extravagantes concursos
para ficcionar el retrato imposible
de Túpac Amaru,
con la exigencia,
además,
de configurar en él
un arquetipo.

Sin percatarse de que tal imagen
—como lo señalara entonces el agudo,
el perseguido Juan Acha—
había sido ya concebida
en la brillante síntesis gráfica
diseñada por Jesús Ruiz Durand en 1969.

Y luego desgastada
por las demandas
de sobrerrepresentación retórica
en un régimen cada vez más autoritario.

Y
VACIADO
.


— ISKAY —

Queda el ícono, sin embargo.

La síntesis de geometrías futuristas
y ancestrales
prodigiosamente plasmada
en la divisa trapezoidal de Ruiz Durand.
Y luego trastornada, con desigual fortuna,
en la logomanía impuesta
por la metástasis corporativista
de la dictadura.

Es ese agotamiento
el que Aljovín confronta
—y evidencia, y sublima—
despojando a los emblemas
de su referencialidad primera
para extraer de sus fragmentos
la belleza imaginaria
de una forma pura.

Que nos devuelve a cierta promesa intensa
en la tenue tradición geométrica
de nuestro moderno arte peruviano.
Desde José Tang y Gastón Garreaud
y Milner Cajahuaringa
a Regina Aprijaskis, digamos.
O incluso, de otra manera,
hasta Jorge Cabieses.

Con el resplandor otra vez central
de otra vez Ruiz Durand.

Para desembocar ahora,
con Aljovín,
en la paradoja mayor
de un formalismo histórico.

Pero liberto.
“Despolitizar al ícono”,
ese romántica formulación de la artífice,
es también poetizarlo.

Devolverlo a la poiesis,
a las anarcas transformaciones
del proceso creativo auténtico.
Derivado de la vida,
despojado de la ideología
(“falsa conciencia”, Marx dixit).

Para, en ese proceso,
politizar otra vez nuestro imaginario,
pero de la manera más genuina,
más radical:
retornando el término
a su raíz etimológica.

La polis:
la ciudad, el ciudadano, la ciudadanía.
La sociedad civil.

El ethos, el eros esencial
del libre albedrío.
Contra el thanatos,
el fetichismo
congelado en la perversión estatista.

El resultado es una abstracción precisa,
llevada además al preciosismo
de colores y de técnicas.
De materiales, incluso.

El materialismo, la metalidad
primorosamente trabajada
que en estas piezas
sirve de soporte artístico-industrial
a su refinamiento conceptual y plástico
más incisivo.

Apastelar, sensualizar,
femineizar,

la simbólica y la cromática casi marciales
del Poder que se propuso homologar nuestras existencias
en una grisura depresiva.

Agrisarlas,
literalmente.
En casi cada instancia.

Desde el Uniforme Escolar Único
—“gris rata”—
hasta el concreto demasiado expuesto
de la brutal arquitectura brutalista
que le dio monumentalidad opresiva
a las expresiones arquitectónicas
del régimen.

Es ese mandato abrumador
el que esta exposición
con tanta gracia suaviza.
Con un refinamiento casi ornamental
que, sin embargo, no diluye
—más bien aguza—
su grave misión poético / política:

transfigurar en vector, en libertad,
en movimiento tangencial,
la estasis lineal de una época.

VENCIDA
.


— KIMSA —

Pero esta muestra desconstruye además
algún alucinado lema de otra dictadura,
aún más ominosa y vasta.

El chavismo:
ese fascismo latinoamericano del siglo XXI
—fascismo de izquierdas—
que al reivindicarse como
“La Nueva Geometría del Poder”
pervierte e instrumentaliza
la utopía de las abstracciones cinéticas
concebidas antes
como la liberación final de los sentidos
en la Venezuela democrática.

De
OTRORA
.


— TAWA —

Todo podría resumirse
en la obra mayor de esta muestra.

Una de las mayores
en nuestro actual arte todo:
la sobrecogedora reinterpretación
del magnífico ícono de Túpac Amaru.

Esa imagen en sus orígenes orgánica
—radiante—
acá se agita y disgrega
en cuatro paneles metálicos,
asociables sin duda al suplicio
por descuartizamiento
que se le quiso imponer al héroe.
Pero también vinculados
—más estricta, más estructuralmente—
a los cuatro suyos del Inkario.

Las cuatro parcialidades del Tawantinsuyo,
retorcidas ahora por golpes y tensiones
que las encrespan
hasta otorgarles una configuración
casi geológica.

Aunque ya contraída,
la materialidad del panel inferior derecho
se ofrece todavía argenta.
Plateada. Brillante.

Un resto de fulgor,
intocado sólo él por los ácidos,
en contrapunto incitante
a la corrosión deliberada
de las demás superficies.
Y a las iluminaciones ocres así logradas
entre sus depresiones y protuberancias.

Como las estribaciones áureas
—o ferrosas, escoja usted—
en una rota cordillera de latas percudidas.

Oxidadas. Martilladas.
Impactadas por la historia.

Y por sus mitos.

La pulsión mitómana de las utopías.
Que tanta vida dan a nuestros sueños.

Y tanto destruyen a nuestras vidas mismas.

A la
VIDA
.


— CODA —

Al final
—y al principio también—
de eso trata esta exposición matemática.

Este arte que descompone y libera
las geometrías represivas del Poder.

Y opone así a la linealidad tiránica
de la política
la apertura vectorial
de las poéticas.

Sus
líneas de fuga.
(Literal y figuradamente).

De eso matemática
—y estéticamente—
se trata:


RESOLVER
la (in)ecuación contenida
por el arte hecho logotipo,
hecho cuadrícula.

EMANCIPAR
su fórmula de creaciones apresadas
por el monopolio estatal.
Y social.
Y mental:
nuestro malhadado Pensamiento Único.
Esclavo.

DESATAR
la asociación libérrima
de la belleza nueva en el amanecer
de la Revolución Soñada,
pero luego atrapada en la tentación
—la pesadilla—
totalitaria.

RESCATAR, TANGENCIAR,
el remanente de utopía
a pesar de todo aún supérstite
bajo su regimentación gráfica.

EXORCISAR
su instrumentalización icónica
—estatal, estatista—
desde la geometría no euclidiana
de la fantasía artística.
Y ciudadana.

Personal. Pasional. Pulsional.

LIBERTARIA
.


 
bottom of page